LOS TIEMPOS DEL SEÑOR

05.06.2013 12:09

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Los tiempos del Señor 5

“Todo lo que existe es de ustedes, y ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.”  “Que todos, pues, vean en nosotros a servidores de Cristo y encargados de las obras misteriosas de Dios. Siendo encargados, se les pedirá que hayan sido fieles.” 
(Corintios 3: 23, y 4: 1 al 2)
“Del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros aún siendo muchos forman un solo cuerpo, así también Cristo.
Todos nosotros ya seamos judíos o griegos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un único cuerpo. Y a todos se nos ha dado a beber del único espíritu, el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Por eso, aunque el pié diga: Yo no soy mano, y por eso no soy del cuerpo, no por esto deja de ser del cuerpo. Asimismo, aunque la oreja diga: Ya que no soy ojo, no soy del cuerpo, no por eso deja de ser del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿ cómo podríamos oír ?. y si todo el cuerpo fuera oído, ¿ cómo podríamos oler?. Pero Dios a puesto cada parte del cuerpo como ha querido.
Si todos fueran la misma parte, ¿ dónde estaría el cuerpo ?. Pero hay muchos miembros y un solo cuerpo. El ojo no puede decir a la mano: No te necesito. Ni tampoco la cabeza puede decir a los piés: No los necesito. Más aún, miren como las partes del cuerpo que parecen más débiles son las más necesarias. Y las partes que menos estimamos las vestimos con más cuidado, y las menos presentables las tratamos con más modestia, lo que no se necesita con las otras que son más decorosas. Dios dispuso al cuerpo dando más honor al que le faltaba para que no haya divisiones dentro del cuerpo, sino que más bien cada uno de los miembros se preocupe de los demás.
Cuando uno sufre, todos los demás sufren con él, y cuando recibe honor, todos se alegran con él.
Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno en particular es miembro de él.” 
(Corintios 12: 12-27)
Por esta poderosa razón, invitamos a todos los cristianos a unirnos unánimes en el estudio y la meditación de su Palabra para recibir el discernimiento que nos acerque a su esencia espiritual para que permanezcamos unidos e identificados por siempre con el Cuerpo de Cristo.
Deberemos estar muy atentos para reconocer que éste es un estudio para que participemos todos, no importando a que religión o congregación cristiana o denominación asistimos, o a cualquier forma de entender nuestra fe, ya que de lo que se trata es de que conozcamos más y mejor de la vida, obra y propósito de Nuestro Señor Jesucristo para unificarnos todos en unanimidad para guardar y enseñar a cumplir fielmente su Palabra como la voluntad de Dios y asì integrarnos verdaderamente al Cuerpo de Cristo.
Recordemos que todas estas reflexiones y estudios no son para pretender formar una nueva corriente religiosa ni para promover la desunión de las iglesias o congregaciones en donde se enseña la doctrina de Cristo, y mucho menos, buscar posiciones que hagan sentir a algunos tener una autoridad espiritual sobre los demás.
Lo que se pretende a través de todo esto, es de integrarnos todos los que creemos en Jesús para formar verdaderamente parte del Cuerpo de Cristo en unión perfecta con él por medio de guardar y enseñar a cumplir con fidelidad su Palabra reconociendo así la voluntad de Dios, y a semejanza del Hijo del hombre, no buscar el ser servidos sino servir a los demás, no para obedecer en lo espiritual enseñanzas y mandatos de hombre, sino para estar conscientes, de que para recuperar nuestra identidad original en Dios, deberemos proponernos guardar y enseñar a cumplir fielmente los mandatos de Dios plasmados en el Nuevo Testamento.
Preparémonos para recibir en nuestra mente y nuestro corazón las reflexiones contenidas en este estudio para tratar de conocer los tiempos del Señor revelados en los Evangelios contenidos en el Nuevo Testamento de las Sagradas Escrituras, para aplicarlos en nuestras vidas y obtener todas las bendiciones y beneficios que nos serán entregados como herencia que Dios reserva a todos sus Hijos a través del Yo-Soy el Camino, la Verdad y la Vida que habitará por siempre dentro de nosotros.
Para tocar la puerta del Reino de Dios y reclamar la herencia que él reserva a sus hijos, esforcémonos en buscar y encontrar nuestra verdadera identidad con Dios en Cristo Jesús, y permanecer en ella.
Para esto, deberemos integrar nuestro cuerpo, alma y espíritu con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, teniendo como centro de todo a Jesús como nuestro Señor y Salvador Personal y Suficiente.

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