LOS TIEMPOS DEL SEÑOR

04.06.2013 19:47
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LOS TIEMPOS DEL SEÑOR

Condiciones humanas en nuestro ser

SER HUMANO TRADICIONAL
En esta condición nos encontramos la inmensa mayoría de la humanidad y vivimos interesados casi en forma exclusiva en lo que nuestra persona necesita para vivir cómodamente en lo material, es decir, conocimientos, posesiones y riquezas monetarias adquiridas de cualquier manera que nos permitan tener inclusive más, o mucho más de lo que necesitamos para tener aparentemente tranquilidad personal y familiar y de esa manera, encontrar la identidad que necesitamos de nuestros semejantes.
Pero en el grueso de la humanidad se lucha por tener estrictamente lo necesario para cubrir aunque sea medianamente las necesidades básicas de cobijo, vestido y sustento, y tanto nos dejamos sumergir en lo anterior, que casi nos olvidamos de nuestras necesidades afectivas y espirituales que deberían ser el motor que debería movernos para tener en verdad una vida plena.
Esta zambullida en nuestras necesidades básicas nos llega a ahogar de tal manera, que la única forma que vemos para salir a flote es la de obligarnos a ser manipulados sin condiciones en nuestras personas en el trabajo, en el entorno social en que nos desenvolvemos, en nuestras creencias religiosas o espirituales, y hasta en nuestra propia familia, porque tal vez solo así estaremos en algunos de los casos, cubriendo, aunque sea medianamente, esas necesidades básicas personales económicas, afectivas y de identidad. Pero como nos lo marca la tradición, nosotros quisiéramos llegar a ser como esas personas que manipulan a los demás para aprovechar las oportunidades de elevar nuestro nivel socio-económico y familiar, que nos permita sentirnos realizados como seres humanos, sin querer darnos cuenta, de que esa manipulación se da en todos los niveles, de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba.
Estos pensamientos tradicionales nuestros, nos llevan a enfocar nuestras necesidades, convertidas en ambiciones materiales, a fomentar en nosotros y en nuestros hijos todo aquello que nos conduzca a la realización de esos objetivos, y le pedimos y rogamos a Dios porque nos permita llevar a cabo nuestros proyectos.
Pero, y aquí está el pero, a través del tiempo nos vamos dando cuenta de que todos los logros que vamos alcanzando carecen del valor que nosotros les quisimos dar, ya que en lugar de proporcionarnos amor, paz, tranquilidad y bienestar, lo que verdaderamente nos ha traído eso que hemos logrado, ya sea mucho, poco o nada, es una serie de problemas o enfermedades que amenazan con acabar con la escasa tranquilidad que nos queda, y todo eso, por la forma y el orden incorrecto y tradicional en que dejamos que nuestro Ser se manifestara, es decir:
CUERPO,
ALMA,
ESPÍRITU.
Para ejemplificar mejor lo anterior, dibujemos un triángulo equilátero invertido y lo dividimos en tres partes a la misma distancia una de otra, de abajo hacia arriba.
La parte de abajo quedará más pequeña y corresponde a nuestro espíritu en el Mundo Espiritual
La parte de en medio, un poco más grande corresponde a nuestra mente en el Mundo del Alma.
Y la parte superior, mucho más grande corresponde a nuestro cuerpo en el Mundo Material.
Como vemos en ese triángulo invertido, la personalidad de nuestro Ser que nos sirve para abrirnos camino en la vida es el cuerpo, lo cual nos mantiene deseando todo lo material de este mundo echándonos sobre nuestras espaldas todo el peso de nuestras necesidades y ambiciones humanas naturales, creyendo que todo lo que pensamos lo podemos lograr con trabajo, esfuerzo y sacrificio, o con otros medios y también con la ayuda de Dios, más, por nuestra tradicional forma de creer en él que por verdadera fe y conocimiento nos afanamos tanto por conseguirlo, que no nos damos cabal cuenta, hasta que algo no previsto sucede como enfermedades u otras situaciones adversas, que lo que obtuvimos, la mayoría de las veces, no es ni por mucho lo que tal vez inconscientemente anhelábamos.
Ese peso es enorme y literalmente sometemos a nuestro espíritu con esa forma de pensar y actuar, que en lugar de que éste sobresalga, literalmente lo estamos moviendo hacia abajo, sepultándolo cada vez más, olvidándonos de que somos seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto seres espirituales envueltos en una capa material que Dios fabricó para constituir al ser humano.
Veamos la siguiente gráfica.
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Ahora dibujemos un triángulo equilátero en posición normal y dividámoslo también en tres partes iguales.
La parte de abajo quedará más grande y corresponde a nuestro cuerpo en el Mundo Material.
La parte de en medio un poco más chica corresponde a nuestra mente en el Mundo del Alma
Y en la parte superior queda nuestro espíritu liberado en el Mundo Espiritual.
Al darnos cuenta de lo anterior y al tratar de dejar de estar colocados en la condición del ser humano tradicional, para colocarnos en la condición del Ser Humano Espiritual, nos ubicamos sin lugar a dudas en un problema personal de grandes dimensiones, ya que tenemos que estar dispuestos a dejar atrás toda nuestra actual forma de ver y vivir las cosas de acuerdo a nuestros abundantes o escasos conocimientos humanos en todo lo que concierne a nuestra vida personal en lo familiar, social, material, científica, religiosa o espiritual, y estar conscientes que, de seguir en ese camino, estaremos negándonos la oportunidad de cambiar radicalmente nuestras vidas para beneficio propio y el de los demás.

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Si nuestro deseo es verdaderamente el de dejar de pertenecer al linaje anterior, deberemos de ubicar la personalidad correcta de nuestro ser, que es el espíritu, en el lugar que le corresponde como punta de lanza hacia arriba, ( no hacia abajo como en el ejemplo anterior ), para que así, nuestro ser trinito tenga el orden, el propósito, el sentido y la dirección correcta según el Nuevo Testamento, para obtener a través de nuestro espíritu, todo lo que nuestra mente en el alma necesita saber, para que todo lo que tenemos actualmente, y lo que obtengamos de aquí en adelante sea en el orden correcto para disfrutar plenamente y como Dios, Dios de la abundancia nos lo manda, es decir:
Espíritu.
Alma.
Cuerpo.
Si este es nuestro verdadero deseo, entonces esforcémonos poco a poco por cambiar nuestra actual forma de actuar de acuerdo a nuestro libre albedrío que nos ata y nos sujeta a ser como nosotros queremos ser y no como Dios quiere que seamos, y colocar en ese lugar a nuestro espíritu como punta de lanza hacia arriba, ya que nuestro espíritu es la única parte de nuestro ser que recibe directamente de Dios, a través de nuestro Señor Jesucristo, la enseñanza precisa para recuperar el acceso al Reino de Dios en la abundancias en este mundo, y a la vida eterna en el mundo venidero.

 

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